María Esther Córdoba
El sábado 6 de noviembre, a las 2 de la madrugada, el Señor llamó a nuestra hermana María Esther, Su salud se había quebrantado en los últimos años, lo cual no impedía que su trabajo junto a la comunidad que formó en “María de Belén” se resintiera. Hasta los último días atendió a quienes le venían a hablar, pedir un palabra de animo para sus problemas. En el cementerio “Jardín de Paz espera la Resurrección.
Conocí a Mará Esther unos meses antes de la Fundación de las Oblatas Diocesanas. Venía de su querido San Pablo en Tucumán. Hacía muy poco tiempo que había fallecido su mamá y su vocación de consagración y su amistad con las Hermanas Azules la trajo al “hogar San José. De ese modo conoció Ciudadela, Santa Juana y al Padre Agustín a “quién mucho quiso”dicha por ella misma. Así junto a Lía y a Marta fuimos la simiente del nuevo Instituto.
Ya Oblata, trabajó mucho , en la Casa, en la Guardería y en la atención de todo aquello que la vida diaria exigía. Generosa, desprendida, dedicada a vivir su consagración en los mínimos detalles. Muy piadosa, un gran amor a la Virgen a quién con el “Acordaos “ de San Bernardo lograba sus deseos de hacer el bien.
Estudió, se preparó en enfermería, trabajo en varios hospitales. El “Diego Thompson” de San Martín, el sanatorio San José en la Capital Federal. Pero donde se iba a sentir plenamente O.D. misionera fue vivir en Caldera , (Dioc de Copiapó en Chile) Fueron varios años que su trabajo con los niños en el Parvulario, y con los jóvenes en grupos de oración y estudio sin dejar de lado el deporte , las familias, sus acciones apostólicas fueron muy reconocidas y recordadas. Siempre por donde ella trabajó quedó en las personas el conocimiento, y la espiritualidad del Padre Agustín a quién hacía amar, enseñando el respeto y el amor al Sacerdocio de Cristo en la persona de sus ministros.
Hace 25 años llegó al Barrio Ciudad Jardín de Tucumán y allí levantó con gran esfuerzo la Casa “María de Belén”. Casa y corazón abiertos y dispuestos a escuchar, y escuchar mucho y aconsejar y mucho acompañar, Se hizo querer por todas las personas que la conocieron y se acercaron a “esta hermanita” sencilla, intuitiva, fuerte en exigir y tierna en estar cerca de quien la necesitaba.
Al lado de la casa y dentro del mismo predio, se levanto un Oratorio, donde la Presencia de Jesús Eucaristía fue lugar de oración y encuentro para la comunidad que sin duda seguirá los pasos que nuestra Oblata enseñó.
Era misionera, por eso formó desde el comienzo de María de Belén un grupo misionero llamado HUELLA (que significaba Humilde entrega llevando amor) y con ellos y muchos otras chicas y muchachos realizaron misiones en varios lugares de la Diócesis.
“María de Belén” ya pertenece a la Iglesia que peregrina de Tucumán, fue su voluntad y desde allí su semilla de amor a La Iglesia, a Cristo a sus sacerdotes y a María continuará dando frutos, Es también un compromiso Oblatino.
“Por eso adiós no decimos, sino hasta pronto nomás.
Y por los que aquí vivimos tu en el cielo rogarás.”
María Irene Mendoza
