Caminando hacia los 60 años del Instituto
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“FORMEN UN SOLO CORAZÓN”
Caminando hacia los 60 años del Instituto
Los grandes personajes dejan huellas en la vida. Esas huellas marcan los corazones de quienes les han tocado en suerte ser contemporáneo, y han compartido dones y carismas dados por el Creador para el servicio hacia los demás.
Carismas, dones y gracias que no se pueden disimular. Quien descubrió y asumió en conciencia esa dichosa “dependencia” de Dios, jamás puede expresar lo contrario a ese “estado” de servicio y amor. Un viejo refrán dice “genio y figura hasta la sepultura”, refrán que se aplica normalmente frente a defectos, vicios o limitaciones de la persona, también, así lo creo yo, es aplicable a bondades, expresiones graciosas, bendiciones, santidades adquiridas, que se expresan a diario por el compromiso adquirido y asumido.
Unos de estos grandes hombres, no cabe duda, fue el querido y bien recordado Padre Agustín B. Elizalde. Sacerdote de Jesucristo quien manifestó, en sus cortos 55 años de vida, la gracia de Dios en todos sus aspectos y acciones. Fue el hombre de Dios que respondió sin medida al amor de Dios, y del mismo modo amó a sus hermanos contemporáneos, nunca quiso recibir el apodo bíblico de “mentiroso”. Nadie duda que toda su vida fue una santa vida, no sin esfuerzo, cruces y constante paciencia para amar a todos y todos los días. Su sacerdocio fue una expresión clara, nítida y luminosa del gran amor a Dios y al prójimo. “¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve (1era. Juan 4,20). El Padre Agustín había entendido muy bien aquella doctrina “que todo hermano es sacramento de Cristo”. Estaba seguro que ese hermano era expresión visible del Dios invisible.
Todas estas grandes personas, presencias fuertes del amor de Dios, plenifican su fe en el encuentro definitivo en la eterna paz y amor de Dios, pero tanto quieren a la humanidad que cuando escriben el testamento señalan a los presentes y a las futuras generaciones las profundas huellas de bien que ayudan a ser mejores.
En el testamento espiritual del fundador escribe la frase “FORMEN UNA SOLO CORAZÓN”, y se ha elegido esa frase como LEMA para celebrar los 60 años de vida del Instituto Secular Oblatos Diocesanos. Y esto no es solo un buen deseo del fundador, es un fuerte pedido. “les SUPLICO, por lo que más quieran, formen un solo corazón, dentro de los corazones de Jesús y María”.
Formar un solo corazón no significa unificar a todos con el mismo “poncho” exterior, se trata de formar un solo corazón, según el mismo Cristo nos educó en Juan 17,21: “que todos sean uno, como tú, Padre, estás mí y yo en tí, que también ellos sean uno en nosotros para que el mundo crea”, si bien está referido a la Iglesia toda, a la gran comunidad cristiana, pero dentro de esta gran Iglesia hay pequeñas familias que viven según el evangelio con distintos carismas .Se trata entonces de tener un “mismo estilo” de vida. Estaremos siempre unidos si de veras y de corazón tenemos y vivimos el mismo evangelio y las mismas normas. La unidad llegará de mano del cumplimiento amoroso y generoso de la Palabra de Dios y la fidelidad a nuestras Constituciones. Si queremos ser, nosotros también, huellas de bien, debemos esforzarnos en vivir nuestra espiritualidad y carisma de manera heroica y de ese modo aportamos en “formar un solo corazón”. Lo único serio que hace a la unidad de corazones es vivir el verdadero amor con todos nuestros hermanos marcados por el mismo carisma fundacional, carisma y espiritualidad aprobada por nuestra madre Iglesia.
Formar un solo corazón es respetar la vida fraterna, es un constante esfuerzo en crecer dentro de la diversidad y pluriformes criterios y gustos. Será respetarnos, ayudarnos y comunicarnos y así, hacer la fraternidad. Las relaciones comunicacionales hacen y ayudan sobremanera a formar un solo corazón.
Pidamos en este año jubilar la gracia de hacer realidad este lema de vida, caminando por las santas huellas que nos legó el querido Padre Agustín B. Elizalde y recemos los unos por los otros para que tengamos siempre “corazones de carne”, con capacidad de amar sin medida.

ONOFRE S. PIGHIN
Director General
